Vivo el discrimen contra los homosexuales ancianosPor Cynthia López Cabán / End.cynthia.lopez@elnuevodia.com No pueden convivir juntos en las égidas, no reciben el Seguro Social de su pareja y deben pagar un porcentaje mayor para recibir los beneficios del plan de retiro 401k de su compañero. Estas son algunas de las desigualdades que ayer enumeró la investigadora Astrid Santiago durante su participación en el foro “La homosexualidad en la edad de oro: enfoque gerontológico, geriátrico y sexual” en la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Río Piedras. Santiago señaló que en su investigación doctoral -cuyos datos se presentarán en febrero-, descubrió que las lesbianas que vivían en égidas mantenían cuartos separados porque no se les permite compartir la habitación. “Me encontré mujeres que llevan 25 años juntas, cada cual pagando por su habitación porque no se les permite estar en la habitación de pareja”, afirmó la investigadora. Destacó que el discrimen institucionalizado también se observa en las oficinas llamadas a velar por los derechos los adultos mayores. Apuntó que en su ponencia sobre los cambios propuestos al Código Civil, la oficina de la Procuradora de las Personas de Edad Avanzada apoyó una definición de uniones de hecho que se refiere exclusivamente a la unión entre un hombre y una mujer. En su intervención, el profesor Carlos Rodríguez, del Recinto de Ciencias Médicas de la UPR repasó los prejuicios sociales y culturales que rodean a los homosexuales. Argumentó que siempre se piensa en la persona gay como joven y llena de vida, que nunca envejece o cuyo destino es morir joven. “Se piensa que uno va a llegar a viejo con su vieja, pero no se piensa en dos viejos”, acentuó. Planteó, además, que la sociedad no tiene una estructura para atender las necesidades de cuido, trabajo y entretenimiento de esta población, que generalmente no tiene nietos o una red de apoyo familiar. “¿Cómo soy viejo si no soy abuelo ni abuela?”, cuestionó Rodríguez.
|