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¿Mi “amiga” la ex? Por Camile Roldán Soto / end.croldan@elnuevodia.com Una de las épocas del año más odiada por Jéssica es el verano. Los dos hijos de su marido cumplen años en esa fecha y eso la colocará frente a frente con la ex pareja de su ahora esposo. “Lo detesto. Me siento incómoda y fuera de lugar”, sentencia como reviviendo esos momentos. Jéssica sencillamente no soporta la sensación que le provoca estar cerca de “esa mujer” que fue importante para su marido, a pesar de reconocer que hoy la relación entre ambos se limita a la crianza de dos niños de 5 y 8 años. El caso de Lorena es totalmente contrario. En una actividad familiar que celebró en su casa recientemente compartieron animadamente ella, su hija, su nueva pareja, el hijo de ambos... y su ex marido junto a su novia y la hija de ésta. Más de uno de sus invitados levantó las cejas. Parecían estar haciéndose la misma pregunta: ¿cómo era posible que estuvieran todos compartiendo amigablemente en el mismo lugar? Lorena, como quien habla de la cosa más natural del mundo, sencillamente afirma que ya sanó sus “heridas”. La invitación a su ex esposo surgió por iniciativa de su hija y ella, por verla contenta, accedió sin pensarlo. “Ella me preguntó si podía invitar a su papá y yo le dije: ¡claro!”. En un país como Puerto Rico, donde la mitad de los matrimonios terminan en divorcio, es común que tanto mujeres como hombres tengan que lidiar con la sombra de los y las “ex”. Y no siempre las historias son color de rosa. El sicólogo clínico Miguel Pagán sostiene que las personas enfrentan situaciones como ésta de acuerdo al nivel de madurez que posean. En su práctica, enfocada en parejas, ha visto todos los extremos imaginables. Desde mujeres que se niegan a asistir a la boda de sus hijas si la nueva compañera de su ex esposo está presente hasta mujeres que se convierten en mediadoras entre su actual pareja y la ex esposa. Pagán comenta que, en ocasiones, esa nueva compañera también estuvo casada y pasó por lo mismo que la ex esposa de su ahora marido. Entonces se siente identificada y hasta pueden iniciar una amistad. Se trata, comenta el psicólogo, de mujeres usualmente muy independientes y “conscientes de cuando uno se divorcia no deja de ser familia, sino que la familia se modifica”. Pero, ¿qué hacer cuando la relación no es cordial, porque la ex pareja se pasa de la raya? Pagán señala que es algo que ocurre comúnmente, incluso de parte de la persona que terminó la relación. Unas veces se debe a que el amor no ha muerto a pesar de la separación. Otras, a que la persona es narcisista y no acepta que tomen su lugar. Sea cual sea el escenario, lo más recomendable es buscar ayuda profesional. La persona que fue pareja de quien acosa es principalmente responsable de establecer límites. A través de la terapia, puede aprender técnicas de conversación no adversarial, de manera que la comunicación con la ex pareja continúe, si es necesario, pero con el mínimo de controversia. La nueva pareja, apunta Pagán, no debe involucrarse en el conflicto, sino intentar no tomar el asunto como “algo personal”, mantener la compostura, controlarse y darse cuenta de que esa persona actúa así porque no ha sanado. “Hay casos que tienen solución y otros que no. Algunas veces se tiene que aprender a vivir con eso. Es parte de la complejidad de estas familias”, indica el sicólogo. Hay casos muy extremos, advierte, que requieren consultas con abogados u órdenes de protección. No hay una fórmula Aparte de la personalidad de los involucrados, en este triángulo intervienen otros factores externos. Uno de ellos, explica la psicóloga clínica Gladys Altieri, es la causa del divorcio. “No es lo mismo un divorcio contencioso, donde las parejas que antes se amaban ahora se odian. Lo más importante, y lo más que influye es si esa nueva esposa tuvo algo que ver con el rompimiento. Si por ella se divorció la pareja, hay pocas probabilidades de que la relación sea amistosa”, afirma Altieri. Para la mujer que se divorcia, los celos y el coraje aumentan al saber que esa persona compartirá tiempo con sus hijos. Si la nueva pareja no tuvo que ver en el divorcio, lo más determinante es el tiempo transcurrido y la recuperación emocional de las partes. Ambos profesionales coinciden en lo difícil que puede ser para hombres y mujeres lidiar con emociones tan complejas. Sin embargo, establecen que por el bien de cada uno, incluyendo a los hijos, lo ideal es mantener, al menos, la “cordialidad”. Después de todo, explica Altieri, los estudios señalan que cuando un matrimonio se rompe, lo más que afecta a los hijos no es el divorcio en sí, sino el tipo de relación que mantengan sus padres, y esto aplica aún a niños muy pequeños. Uno de los peores errores que se cometen es ubicar a los vástagos en un “conflicto de lealtades”. Esto ocurre cuando se habla mal de la novia o el novio, se les interroga al llegar a casa y se les hace pensar que es algo malo sentir cariño hacia esa persona. “Ponemos a los niños en una situación muy difícil, de un estrés increíble. Sin embargo, el que los hijos quieran a la nueva pareja no quiere decir que no nos quieran a nosotros porque el amor no se divide, se multiplica”, apunta la psicóloga. Magdalena, madre de una niña de nueve años, cuenta que siente “como algo me come por dentro” cuando observa a la nena saludar afectuosamente a la novia de su papá. Sin embargo, porque su hija se lo pide, le compra regalos a la mujer el día de su cumpleaños. “Uno hace cosas que jamás pensó por los hijos y no es nada fácil. Pero ella es buena con mi hija y eso para mí es lo más importante”, cuenta quien mantiene una relación “ni buena, ni mala, sino normal”, con la pareja de su ex.
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